Como refleja un informe recientemente publicado por el Centro Delas, el gasto militar y la venta de armas tienen un efecto profundo y duradero en la capacidad para abordar la crisis climática de un modo que promueva la justicia. Cada dólar o cada euro destinado al gasto militar no solo aumenta las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), sino que además desvía recursos financieros, competencias y atención que podrían dedicarse a solucionar una de las mayores amenazas que la humanidad jamás ha enfrentado. Además, el aumento constante de las armas a nivel mundial añade más leña al fuego climático, suscitando violencia y conflictos, y agravando el sufrimiento de las comunidades más vulnerables a la catástrofe climática.

El gasto militar y las emisiones de GEI también están experimentando un incremento pronunciado. El gasto militar a nivel mundial ha ido en aumento desde finales de la década de 1990: se ha incrementado desde 2014 y en 2021 alcanzó la cifra sin precedentes de 2 billones de dólares. Sin embargo, los mismos países responsables del enorme gasto militar no asumen un compromiso ni destinan una fracción de esos recursos para combatir el calentamiento global.

Los países más ricos, que son los principales responsables de la crisis climática, gastan al menos 30 veces más en sus fuerzas armadas de lo que gastan en brindar financiación para el clima para los países más vulnerables del mundo. Siete de los principales emisores históricos también están entre los diez principales países que destinan mayor presupuesto al gasto militar a nivel mundial.

Las fuerzas armadas no han encontrado combustibles alternativos adecuados para el transporte y equipamiento que utilizan en operaciones y ejercicios, que representan el 75 por ciento de su consumo de energía. Mientras tanto, las fuerzas armadas siguen desarrollando nuevos sistemas armamentísticos que contaminan aún más.

Además, las alianzas militares, como la OTAN, han establecido claramente que no arriesgarán su dominio militar para combatir el cambio climático, que sigue siendo un llamamiento a aumentar el gasto militar para abordar esta “amenaza”, en lugar de un desafío para reducir o repensar sus operaciones.

La última fase del conflicto entre Ucrania, Rusia y la OTAN, a partir de febrero de 2022, se ha utilizado para aprobar aumentos enormes en el gasto militar (y, por consiguiente, en las emisiones de GEI), y no hay indicios de que las partes en litigio hayan considerado los impactos en el clima. Debido a la guerra se están desviando recursos de la financiación para el clima hacia el gasto militar.

La industria armamentista es la principal ganadora, se ha beneficiado de los aumentos en el gasto militar a nivel mundial, así como de la diversificación en sectores como el control fronterizo y la gestión de la migración. Los países más ricos están exportando armas a los países más vulnerables al cambio climático, intensificando los conflictos y las guerras en medio de la catástrofe climática. Estas exportaciones de armas no solo desvían dinero necesario para mitigar y adaptarse a las consecuencias del cambio climático, sino que además corren el riesgo de intensificar conflictos, represión y violaciones de los derechos humanos en poblaciones que están en la primera línea de frente del cambio climático.

El gasto militar anual de los 10 países con el mayor gasto militar del mundo sería suficiente para cubrir la financiación internacional para el clima prometida durante 15 años (a razón de 100.000 millones de dólares al año).

Ante la crisis climática y las señales de que estamos alcanzando un momento crítico a nivel planetario, existe un imperativo fundamental de priorizar la acción por el clima y la cooperación internacional para proteger a las poblaciones que serán más afectadas. Sin embargo, en 2022, la carrera armamentista ha exacerbado la crisis climática e impide su resolución. No podría ocurrir en un peor momento. Para combatir la mayor amenaza a la seguridad humana, la emergencia climática, todos los países – los miembros de la OTAN y los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Rusia y China – deben colaborar para priorizar el clima ante el militarismo. Ninguna nación podrá estar segura si nuestro planeta no tiene un clima seguro.

Por todas estas razones, la Confederación Intersindical – Intersindical Canaria respalda las movilizaciones que tendrán lugar el 24 y 25 de febrero para exigir que paren las guerras, que se dediquen más medios para parar el cambio climático y que cese el aumento de los gastos militares que recortan salarios y derechos sociales.